Un llamado al arrepentimiento
Miércoles, 15 de Octubre de 2014 09:54

Leer | Hebreos 4.13-16

15 de octubre de 2014

¿Ha quedado atrapado alguna vez en un “ciclo de culpabilidad?” Es decir, confesando un mismo pecado una y otra vez, sin alcanzar la victoria. Pero hay una promesa bíblica que dice: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Jn 1.9, énfasis añadido).

Amigo, Dios mantiene su promesa. Es la persona quien falla —hemos convertido a la confesión en una enumeración rutinaria de nuestras faltas con una actitud de “lamento haber pecado, pero soy débil, y Dios lo sabe”. La verdadera confesión, que significa estar de acuerdo con el Señor en cuanto a nuestro pecado, está unida inseparablemente al arrepentimiento; son las dos caras de la misma moneda. Arrepentirse es apartarse del mal. Al mirar nuestro pecado desde la perspectiva de Dios, veremos un hábito vil y perverso con consecuencias terribles, del cual desearemos huir lo más rápidamente posible.

En términos prácticos, confesar y arrepentirse requiere la decisión deliberada de decir: “Por el poder del Espíritu Santo, me aparto de eso”. Satanás todavía le tentará, y el fracaso seguirá siendo una posibilidad. Pero Dios quiere y puede romper las cadenas de su pecado para hacerle libre.

La victoria puede ser inmediata, o bien, un proceso que requiera cambiar malas decisiones por correctas. En algunos casos, la tentación que tiene que ver con un pecado habitual nunca se marcha. Entonces se hace necesario enfrentar cada día en el poder de Dios. Si usted rechaza el pecado, el poder del cielo estará allí para ayudarle.

 
Los problemas y la oración
Martes, 14 de Octubre de 2014 09:31

Leer | 2 Crónicas 20.4-15

14 de octubre de 2014

Cuando el rey de Judá proclamó un ayuno nacional para buscar la ayuda de Dios, personas de todas las poblaciones se reunieron para orar. Las acciones y las palabras de Josafat nos enseñan verdades importantes en cuanto a la solución de problemas mediante la oración.

• Dios es más grande que nuestros problemas. El rey dijo que Dios era el gobernante todopoderoso de las naciones, contra quien nadie podía resistir (v. 6). Muchos problemas están más allá de nuestra capacidad de solución, pero nada es imposible para Él (Jer 32.17; Mt 19.26). Si oramos mientras nos concentramos en su grandeza, nuestros problemas se reducirán a la proporción adecuada.

• Dios quiere que otros se unan a nosotros en las oraciones que hacemos. Familias enteras de Judá respondieron al llamado del rey, y se reunieron delante de Dios (2 Cr 20.13). La oración tuvo también un papel central en la vida de la iglesia primitiva (Hch 2.42).

• Por medio de la oración, el Señor nos dará la solución al problema. Su respuesta puede ser precisamente lo que le pedimos, o algo totalmente inesperado; Él puede decirnos que esperemos en vez de actuar, o puede dirigirnos a involucrarnos en algo nuevo. En cualquier caso, la dirección de Dios será de acuerdo con su voluntad perfecta. Además de esto, Él puede pedirnos que demos un paso de fe.

No sabemos cuánto tiempo esperó el pueblo una respuesta, pero no actuaron hasta tenerla de parte de Dios. Él les dijo que no temieran ni se desanimaran, sino que confiaran en Él. De igual modo, la oración nos lleva a la presencia de Dios para que podamos recibir fuerzas y dirección.

 
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