Amor supremo
Miércoles, 06 de Mayo de 2015 08:59

Leer | 1 Corintios 13.1-3

6 de mayo de 2015

No hay valor o expresión humana más importante que el amor. El incomparable tratado de Pablo sobre este tema en 1 Corintios 13 se encuentra intercalado entre dos capítulos que tratan de los dones espirituales. Los corintios se enfocaban demasiado en lucir estos dones, por lo que el apóstol les mostró el “camino aun más excelente” del amor (12.31). Curiosamente, Pablo no hizo ningún intento de definir el amor, sino que describió su importancia y su expresión.

 

El tipo de amor del que habla Pablo no es de origen humano, sino divino. Es un amor abnegado y sacrificial que actúa en favor de otra persona. Puesto que el Señor quiere transformar nuestro carácter conforme a la imagen de su Hijo, esta prioridad es del todo razonable. En realidad, cada vez que demostramos tal amor por los demás, es cuando somos más como Cristo.

Los tres primeros versículos de este capítulo nos hacen una advertencia. Sin la motivación del amor, todas nuestras buenas obras —incluso el servicio al Señor— no nos sirven de nada. A los ojos de Dios, un espíritu amoroso es más importante que nuestras palabras y que nuestro conocimiento, fe, generosidad y abnegación. Cuando estemos delante de Cristo para ser juzgados por nuestras buenas obras, esas obras hechas por razones egoístas no serán dignas de recompensa.

Todos somos enceguecidos hasta cierto grado cuando se trata de nuestros motivos, por lo que discernir por qué servimos a Dios puede ser difícil. Ore para descubrir las intenciones ocultas de su corazón y para sustituir cualquier motivación egoísta por el “camino aun más excelente” del amor de Dios. Y así, sus obras serán realmente de valor eterno.

 
Los retos de perdonarnos
Martes, 05 de Mayo de 2015 09:09

Leer | Salmo 32.1, 2

5 de mayo de 2015

Ayer considerábamos las razones por las que a algunas personas les resulta difícil perdonarse. Demos hoy un vistazo a siete preguntas que debemos hacernos cuando tengamos problemas con la autocondenación.

1. ¿Por qué debo seguir condenándome si el Señor ya me ha perdonado?
2. ¿Está mi autocondenación acercándome a Dios, o me está alejando de Él?
3. ¿Qué bien estoy haciendo al dejar de perdonarme?
4. ¿Estoy dañando mis relaciones con otras personas al condenarme?
5. ¿Mi negativa a perdonarme le causa admiración a Dios? ¿Me considera más consagrado por mi sentimiento de culpa y mi vergüenza?
6. ¿Hay alguna base bíblica para no perdonarme?
7. ¿Por cuánto tiempo tengo la intención de condenarme? ¿Cuál será el resultado final?

Lógicamente, las respuestas a estas preguntas son evidentes. Sin embargo, si se está autocondenando, la verdad puede parecerle poco clara.

Por lo general, la única manera de superar su remordimiento es centrarse en la esencia de quién es Dios y en lo que Él quiere para su vida. Si usted está luchando con la incapacidad de perdonarse, considere sinceramente las siete preguntas anteriores. Léalas en voz alta, y permita que le hablen a su espíritu. Una buena sugerencia es que inicie un diario o escriba en una hoja de papel sus ideas cuando el Señor le hable. Con toda seguridad enfrentará cierta lucha intensa en su corazón al considerar estos puntos —y a medida que Dios reordene los pensamientos que usted tiene de sí.

 
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